O texto completo da miña minireportaxe sobre a folga d0 21 en El PAIS:

El colegio vacío

xosé manuel pereiro.-A Coruña

Ya fuera se ve que no es un día normal. A las nueve de la mañana, el exterior del CEIP Valle Inclán de Perillo (Oleiros) suele ser un maremágnum de vehículos que rebosan el amplio aparcamiento e invaden aceras y calzada. Ayer, los coches no superaban la docena. El mismo número de niños de infantil que esperaban en el patio, a su aire en lugar de en formación por aulas. A los de primaria ni se les ve ni se les oye. La única agitación era la de un padre que increpaba al bedel –en gallego- sobre quien se iba a hacer cargo de su infante. “Yo, desde luego, no. Hay profesores”, le respondía cachazudo el increpado, que en bajo se confiesa “muy partidario” de la huelga.

Hay profesores, pero no muchos. El 79,4% del claustro secundó el paro, según el estadillo que el secretario está enviando por fax a la Consellería. Los que no fueron se bastan para atender al alumnado que ha venido a clase: un centenar de los 550 matriculados en este centro que da servicio a la parroquia de Perillo. Vecinos de toda la vida, marineros o trabajadores. Las clases medias que, desde los años 70 a hoy, se han podido permitir vivir en la zona. Y una colonia considerable de inmigrantes sudamericanos, como Alan Marcelino, un brasileño recién llegado, que acaba de dejar a su hijo mayor y considera que “si la huelga es para la mejora de los profesores, está bien. ¿Lo del gallego? Si es el idioma de aquí, es normal que se enseñe”.

Los de aquí no son todos tan claros. “Hay demasiado ruido sobre el asunto. Cada uno que hable lo que quiera, pero sin dejar morir ningún idioma”, opina Chema, un cuarentón que asegura ser pensionista. “Las huelgas hay que esperar a hacerlas a que se sepa cómo acaba la historia. Y lo del inglés no me disgusta”, dice una madre apresurada, que se detiene para matizar: “De todas formas, no les va a servir para nada. Yo lo estudié en el instituto y no lo hablé hasta que fui a trabajar a Londres”. “Yo estoy muy de acuerdo con la huelga, y quiero que me eduquen al niño en gallego, pero lo traje porque no tengo con quien dejarlo”, asegura María José, de profesión docente. La última en depositar a su retoño y la más apresurada es Concha, una joven ama de casa. “¿La huelga? Estamos totalmente de acuerdo, ¿cuándo es? ¿Hoy? Ay mi madre, es que estuvimos fuera”, dice, dudando en si recuperar a la criatura, que trota feliz por los pasillos vacíos.

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